Llevo cuatro días en el Menorca y creo que no ha sido buena idea venir. Me lo temía desde que me subí al avión en Luton.
Llegamos a las diez de la noche (hora local), y vinimos al predio – la casa de la familia. Entré en mi vieja habitación, dejé la maleta, y me encontré otra vez en 1995… tuve que salir corriendo a las fiestas d’es migjorn porque no podía dormir allí. Habia demasiados recuerdos y tenía demasiada poca pomada (gin+limón) en sangre para aguantarlo.
Ya no hay fiestas.
El ritmo vital de Menorca se me hace demasiado lento y tardo cuatro o cinco días en adaptarme y de-ce-le-rar; mientras tanto me estresa el exceso de tranquilidad.